Sunday, November 15, 2009

Venezuela en el exilio

Me mandaron esto, y estando fuera de venezuela, me parecio propio leerlo con calma.

Tiene algunos puntos muy ciertos que comparto.. otros que no.

Yo me muero de ganas de volver a Venezuela, pero otra Venezuela que no existe ya.

Si les da ladilla leerlo completo, por lo menos lean esto, que es lo que mas comparto del articulo
Pero la cosa que no le perdonaré nunca a Venezuela es que me enseñó a tener miedo. Miedo de salir a la calle de noche, de ir caminando a comprar cualquier cosa. Miedo de reprender a dos ladrones que roban a una muchacha a plena luz del día. Miedo a volver todas las noches de la universidad a mi casa porque, entrando, podrían secuestrarme o asesinarme para llevarse el auto.

es lo mas jodido de todo...



Viví en Caracas durante dieciséis años.
Caí preso en las marchas estudiantiles del año 2007 a favor de la libertad de expresión, fui víctima de un secuestro express y meses después víctima de treinta motorizados, los cuales, además de darme una golpiza, destruyeron mi auto. Después de estos hechos desconcertantes, decidí tomar un avión sin boleto de regreso.
Ahora trabajo en un bar en un lugar perdido de Europa, día a día, sin descanso.. La gente que pasa me pregunta si extraño a mi país y si algún día volveré. A todos les respondo que no, que nunca más. Ante esta dura afirmación, muchos se entristecen y me dicen que soy d emasiado joven para sentenciar tal cosa. Tomando el consejo que me dan, intento despistar mi adversidad y me pregunto: "¿amo a mi país?". La única respuesta es un "¿Por qué debería?". Retomo apuntes mentales y me pongo a pensar en mi infancia y mi adolescencia, en los hechos de mi vida allá y me doy cuenta de que no, de que no lo extraño en lo más mínimo y no volvería con o sin el actual gobierno.

¿Por qué?
Mi país me enseñó que quien trabaja, sueña y se esfuerza, termina mal: la idiosincracia del venezolano está basada en la picardía. Es alabado aquel que se comporta como un oportunista y el honrado que se esfuerza, es descaradamente rechazado. Mi país me enseñó que la vida de ningún hombre vale nada: en las calles matan un centenar de personas, en el este y el oeste de la capital, con toda impunidad, sin estar en guerra, sin justificaciones razonables. Mi país me puso una pistola tres veces en la cabeza y tres veces tuve la certeza de que moriría, entregándome a ella, sintiéndome en el absurdo de que moriría como un perro porque así morimos los venezolanos. Mi país me enseñó que es peligroso tener un automóvil propio, vestirse bien o hablar educadamente, con un acento diferente: cualquier excusa es buena para robarte o secuestrarte o matarte..

Soy el hijo de un italiano y una venezolana de izquierda. Me enseñaron valores socialistas desde pequeño. Más que catalogarlos en una ideología, debería llamarlos "humanos". Valores congruentes al humanismo, como que todos deberíamos tener las mismas oportunidades, los mismos derechos. Como que todos deberíamos tener la posibilidad de reformar, porque no es culpa del individuo sino del sistema que está podrido. Mis padres me enseñaron que no todos somos iguales pero todos, de donde sea que vengamos, cual sea nuestra educación, valemos lo mismo y eso debe respetarse para poder vivir en armonía y progresar. Eso me enseñaron en casa pero mi país me hizo racista y clasista, al punto de que veía un negro mal vestido y con jerga callejera y le tenía miedo, desconfianza.. Por lo mismo que parte de la idiosincracia venezolana, me hizo sentir que todo aquel que era pobre, era un posible criminal.

Trabajando como mesonero en Europa gano como debería ganar un profesor allá (no como gana). Y no tanto lo que gano sino el poder adquisitivo que existe: un sueldo mínimo me ayuda a vivir en una habitación con servicios pagos y comer bien durante un mes, cosa que allá sería imposible haciendo el mismo trabajo. Un estudiante de clase media aquí tiene una vida digna, con un transporte público que se conecta con toda la ciudad, precios favorables en ropa, comida y materiales de estudio. Cosas tan precisas para el bienestar del Hombre, en mi país ya ni siquiera se ponen en duda. Es impresionante.

Una clase social dividida en extraños estratos: la pobre, que vive en los barrios; la media, que va en extinción y gasta dinero en cosas desproporcionadas e inecesarias, como ir a lugares de moda a no hacer nada; la rica, que sobrevive a los ataques actuales del comunismo; y la nueva rica, que acelera su crecimiento por parte de los dirigentes del gobierno. Se han perdido valores necesarios, como leer un buen libro, viajar por conocer, luchar porque las cosas cambien. Por eso no tenemos ni tendremos nunca un Nobel escritor. No tenemos bases suficientes a nivel educativo ni de valor humano.

Pero la cosa que no le perdonaré nunca a Venezuela es que me enseñó a tener miedo. Miedo de salir a la calle de noche, de ir caminando a comprar cualquier cosa. Miedo de reprender a dos ladrones que roban a una muchacha a plena luz del día. Miedo a volver todas las noches de la universidad a mi casa porque, entrando, podrían secuestrarme o asesinarme para llevarse el auto.

Todo ese miedo que me enseñó mi país, lo convertí en rabia. Una rabia amarga e insoportable que me hace no querer volver nunca más. Una rabia donde metí mis militancias políticas donde creía que un mundo mejor era posible, donde guardé mis sueños de vivir de playa y ciudad a veinte minutos de distancia, donde dejé solo el cariño hacia mis conciudadanos. Una rabia que me hizo cínico ante cualquier idealismo joven e inocente. Un cinismo que me rompió la imagen del Che (menos mal ), me rompió el sentido de las canciones de Lennon, las de Silvio Rodríguez, las de la Primavera de Praga, las de las fuerzas Aliadas haciendo Jaque Mate a Hitler, el valor de las Madres de Plaza de Mayo, el rostro de Rómulo Betancourt llevándonos a la democratización, el sentido de mi amado Bolívar y rompió la fuerza de Francisco de Miranda y las ideas del Ilustrismo. Mi país acabó con cualquier decencia, con cualquier pedazo bueno que tiene la juventud, ocasionando un vacío ridículo y un cinismo aún mucho más grande.

Estoy seguro que las cosas allá no cambiarán ahora ni nunca. Estaban mal antes de este gobierno. Empeoraron pero ahora se enfocan por echar culpas y no por resolver. Después de esto (suponiendo que exista un después), habrá cada vez más caos. Nuestra juventud parte del principio de la picardía y muchos intentan buscar dinero y protagonismos. Ninguno tiene bolas para dejar la piel en el asfalto porque ninguno realmente quiere una República. Nuestra educación nos inyectó una vida demasiado relajada y leve, donde los valores de pureza, honor y verdad, están menospreciados. Por eso nuestros militares reciben dinero sin reclamar desde sus puestos de guardia. Por eso cierran radios y atentan contra la libertad de expresión sin nadie que haga ni diga nada realmente significativo. La culpa no está en ese ignorante que nos comanda sino en las bases que parten de un mal principio de nuestra equivocada sociedad.

Nada de esto lo digo para crear un debate ni para intentar que me cambien la visión. No lo digo para que me cataloguen en una izquierda o en una derecha. Lo digo como alguien que ahora es externo y que no le interesa en lo más mínimo lo que ocurra. Dejé que me interesara hace tiempo, sin quererlo.
Entonces no, no extraño ni extrañaré nunca aquel caos injusto de donde vengo.



A lo mejor algunos no lo comparten, solo me parecio interesante.

7 comments:

Jorge Bernadas said...

Está bueno, más acertado no puede ser, especialmente la frase que resaltaste. Lamentablemente yo estoy atrapado acá sin poder irme, pero algún día seguro lo haré.

rv said...

Que duro el post, pero lo entiendo totalmente.

Charz said...

es jodido... y por lo menos desde mi lado les puedo decir que la impotencia solo va in crecendo... extraño a mi país, mis calles mi gente.. pero me doy cuenta que no es de ahora... lo extraño de antes..
la gente cambio... el país cambió.. y no para bien

Roman Gonzalez said...

Lamentablemente es así... uno añora no solo un sitio sino una epoca, y la segunda lamentablemente es algo que no volvera; no digo que no habrán tiempos mejores (en algun futuro incierto!), pero si tu razón de no irte del pais es por que no quieres cambiar tu cultura, pues estas pelando, tu cultura esta mutando ya de por si.

Lo triste es ver como tus hijos crecerían con esta porqueria de tiempos que hay en Venezuela, y para ellos va a ser normal que maten a 36 personas un fin de semana, que es normal tener agua/electricidad como algo racionado, cuando PUDIERA no ser asi.

En fin... Mi impresion es que los que quieren a Venezuela por lo que fue en los 80's, 90's es un pobre iluso.

Jorge Bernadas said...

De verdad Román tiene razón, no soportaría tener un hijo Tuki.

Gleidy said...

Lo mas triste de todo esto, es que los que nos hemos esforzado por estudiar y trabajar nos estamos yendo a otros países donde con lo que hacemos podemos tener la vida que merecemos y que lamentablemente es casi imposible conseguir en Venezuela y en consecuencia el país se hace cada vez mas ignorante.

Se puede ver como egoista, pero la vida es una sola y no es justo que la desperdicies en un sitio donde no puedes salir de noche y si lo haces tienes miedo, donde sabes que puedes salir pero no si regresas, donde todo tu trabajo y esfuerzo por mejorar las cosas sea menospreciado porque son los "vivos" quienes llevan las riendas.

Cuando me preguntan si extraño a mi país obviamente digo que Si; pero lo digo solo por mis amigos y familiares que siguen allá y no puedo traer conmigo.

Charz said...

la verdad es...
lo que uno deja es lo que más extraña uno, y los recuerdos.
En estos días me avisaron, que si algún día vuelvo a caracas, voy a sufrir lo que llamaron el sindrome del emigrante... basicamente consiste en una depresiíon arrechíssima porque lo que recuerdas ya no está y nunca volverá...

ya veremos que sucede de aqui a unos años, pero la verdad es que como están las vainas, no provoca volver...